En redes sociales vemos cada vez más vídeos de padres que, desde el amor y la desesperación, comparten supuestos tratamientos “innovadores” para el autismo:
inyecciones de células madre, pruebas epigenéticas, dietas estrictas, estimulación cerebral, programas intensivos y ahora también pastillas que prometen grandes mejoras.
El mensaje suele ser implícito, pero constante:
“Si haces esto, tu hijo mejorará”
o incluso:
“Si no lo haces, no estás haciendo todo lo posible”.
Y así, muchas familias quedan atrapadas entre dos miedos:
el miedo a no ayudar suficiente… y el miedo a hacer daño intentando demasiado.
El autismo no se cura (y decirlo no es rendirse)
El Trastorno del Espectro Autista no es una enfermedad, es una condición del neurodesarrollo.
No se elimina y no se revierte
Lo que sí puede mejorar y mucho es:
-
la comunicación
-
la comprensión del entorno
-
la autonomía
-
la calidad de vida
Pero mejorar no significa dejar de ser autista.
El problema aparece cuando el objetivo pasa de acompañar al niño a corregirlo.
Tratamientos que hoy se ofrecen para el autismo: ¿qué hay realmente detrás?
🔴 Células madre
Se ofrecen en clínicas privadas como opción para “mejorar el cerebro” o incluso “curar” el autismo.
La realidad:
-
no existe evidencia científica sólida que respalde su uso en TEA
-
son tratamientos experimentales
-
con riesgos médicos
-
y sin mejoras funcionales demostradas
Además del riesgo físico, el mensaje implícito es peligroso:
“Tu hijo necesita algo extremo para estar bien”.
🔴 Quelación y terapias “detox”
Basadas en la idea errónea de que el autismo está causado por toxinas o metales pesados.
No solo no funcionan, sino que pueden ser muy peligrosas, con daños graves documentados.
Aun así, se siguen ofreciendo bajo el discurso de “desintoxicar el cuerpo”.
Alimentación y dietas: entre el cuidado y la obsesión
🟡 Dietas sin gluten, caseína, azúcar u otros alimentos
Son muy visibles en redes.
La evidencia científica actual indica que:
-
no curan el autismo
-
no eliminan conductas autistas
-
no mejoran por sí solas el lenguaje ni la socialización
Pueden ser útiles solo cuando existen alergias, intolerancias o problemas digestivos reales.
Convertir la alimentación en una vigilancia constante puede generar ansiedad, rigidez y una relación tensa con la comida.
Y es importante aclararlo:
el aleteo, el balanceo o el movimiento no son signos de daño, sino formas de autorregulación o expresión.
Terapias “neuro”: cuando la tecnología vende esperanza
🧠 Terapia transcraneal (tDCS / TMS)
Se presenta como estimulación directa del cerebro para mejorar conducta, atención o lenguaje.
La evidencia actual muestra:
-
estudios pequeños
-
resultados inconsistentes
-
uso experimental
-
sin beneficios funcionales claros en autismo
Que sea cara o tecnológica no la convierte en eficaz.
🟠 Pastillas “milagro” y suplementos vendidos como tratamiento
En los últimos años también han ganado mucha presencia en internet ciertos profesionales que promocionan pastillas o fórmulas propias, afirmando que los niños:
-
duermen mejor
-
están más tranquilos
-
regulan mejor su conducta
A menudo se presentan como “tratamientos naturales” o “protocolos exclusivos”.
Cuando se analizan estas pastillas, en muchos casos contienen:
-
magnesio (por ejemplo, glicinato de magnesio)
-
vitaminas del grupo B
-
suplementos comunes que no son nuevos ni específicos para el autismo
El problema no es el magnesio ni las vitaminas en sí, sino cómo se venden.
¿Por qué esto es preocupante?
Porque frecuentemente:
-
se venden a precios muy elevados
-
no tienen etiquetado claro
-
no especifican dosis ni composición exacta
-
no cuentan con estudios clínicos
-
los comercializa la misma persona que los recomienda
Esto no es medicina basada en evidencia, es un modelo de negocio basado en la esperanza.
¿Pueden “funcionar”?
Algunos niños pueden:
-
dormir mejor
-
estar algo más calmados
Pero esto no significa que:
-
traten el autismo
-
modifiquen su base neurológica
-
expliquen cambios profundos
Además, hay factores importantes:
-
maduración natural del niño
-
cambios en rutinas
-
reducción de ansiedad familiar al “sentir que se está haciendo algo”
Nada de eso convierte a estas pastillas en un tratamiento para el autismo.
El riesgo emocional invisible
El mayor riesgo no siempre es físico, sino emocional:
-
generar dependencia del producto
-
crear la sensación de que sin esa pastilla el niño “empeora”
-
reforzar la idea de que el niño necesita ser corregido químicamente
Y, de nuevo, el mensaje implícito:
“Así como es, no está bien”.
ABA: una intervención con evidencia… y con controversia
El Análisis de Conducta Aplicado (ABA) es una de las intervenciones más estudiadas en el ámbito del autismo y cuenta con respaldo científico para el desarrollo de determinadas habilidades, especialmente en edades tempranas.
Muchos profesionales se han formado durante años en este enfoque y muchas familias han observado avances en:
-
habilidades funcionales
-
adquisición de rutinas
-
autonomía básica
-
adaptación al entorno
Reconocer esto es importante para no simplificar una realidad compleja.
Al mismo tiempo, también es necesario entender por qué existe controversia.
¿De dónde surge el debate?
Numerosos adultos autistas han expresado malestar por experiencias vividas en programas ABA muy rígidos o intensivos, especialmente en modelos más antiguos, señalando aspectos como:
-
exceso de demandas
-
poco espacio para la emoción
-
objetivos centrados en eliminar conductas sin comprender su función
-
presión para encajar en normas sociales sin adaptación
Estas voces han abierto un debate legítimo sobre cómo se aplican las intervenciones, más allá del nombre de la terapia.
ABA hoy: no es una sola cosa
Actualmente existen enfoques dentro del ABA que:
-
priorizan la motivación y el bienestar del niño
-
respetan sus ritmos y señales
-
incorporan juego, comunicación y vínculo
-
evitan castigos y prácticas aversivas
-
se centran en habilidades funcionales y significativas
Cuando ABA se aplica desde una mirada flexible, ética y respetuosa, puede ser una herramienta útil dentro de un plan de intervención global.
Cuando se aplica de forma rígida, intensiva y sin atender al bienestar emocional, puede resultar contraproducente.
El foco no es la etiqueta, sino la práctica
Más allá del nombre de la intervención, las preguntas clave deberían ser:
-
¿El niño se siente seguro?
-
¿Se respetan sus señales de cansancio o saturación?
-
¿Los objetivos tienen sentido para su vida diaria?
-
¿Se trabaja para su autonomía o solo para su obediencia?
Una intervención eficaz no busca “normalizar”, sino acompañar al niño para que pueda desenvolverse mejor sin negar quién es.
El derecho de los padres… y el derecho de los niños
Los padres tienen derecho a:
-
buscar ayuda
-
informarse
-
intentar opciones
-
no quedarse con la sensación de “no hice nada”
Pero los niños también tienen derecho a:
-
no vivir como un proyecto a corregir
-
no estar sobrecargados de terapias
-
no sentir que su forma de ser está mal
-
crecer sintiéndose aceptados
¿Hasta dónde intentar? ¿Hasta dónde aceptar?
Tal vez la pregunta no sea:
“¿Qué más puedo hacer?”
Sino:
-
¿Esto mejora su bienestar o solo mi ansiedad?
-
¿Mi hijo está más tranquilo o más exigido?
-
¿Le ayuda a comprender el mundo o solo a encajar?
-
¿Le enseña habilidades o le enseña a ocultarse?
Aceptar no es rendirse.
Aceptar es dejar de luchar contra el niño y empezar a luchar por él.
Lo que sí tiene evidencia y sentido
✔️ Atención temprana respetuosa
✔️ Logopedia funcional
✔️ Comunicación aumentativa y alternativa
✔️ Terapia ocupacional con enfoque sensorial
✔️ Adaptaciones del entorno
✔️ Acompañamiento a la familia
No prometen milagros.
Pero mejoran la vida real.
El autismo no necesita ser curado.
Necesita menos promesas vacías y más comprensión.
Porque ningún avance justifica que un niño crezca sintiéndose:
“defectuoso”,
“insuficiente”,
“demasiado”,
o “una carga”.
Acompañar también es saber cuándo parar.
Y amar también es aceptar.

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