Este artículo nace desde mi profundo cariño por la Atención Temprana y el trabajo en equipo. Cada profesional técnico en atención temprana: logopedas, maestros de audición y lenguaje, psicólogos, pedagogos, fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales, etc— aporta una mirada única e imprescindible al desarrollo de los niños.
Desde mi experiencia como logopeda, quiero compartir cómo nuestra intervención temprana puede sumar al bienestar del niño y de la familia, complementando la labor de otros especialistas, siempre desde el respeto y la colaboración.Como logopedas especializadas en Atención Temprana, acompañamos a las familias en este proceso con una mirada experta y sensible, ofreciendo mucho más que una estimulación general del lenguaje.
Cuando un niño no habla, no basta con “estimular el lenguaje”. Es esencial comprender qué está ocurriendo en su desarrollo comunicativo, emocional, motor y sensorial.
Y ahí entra el papel específico de la logopeda: con formación universitaria y una base clínica sólida, somos las profesionales capacitadas para detectar señales sutiles que pueden marcar una diferencia enorme si se atienden a tiempo.
En España, la formación en Logopedia es una carrera universitaria de 4 años (y en países como Perú, de 5 años), centrada en la evaluación, diagnóstico e intervención de las distintas áreas del lenguaje y la comunicación.
Esto nos convierte en las profesionales idóneas para intervenir desde los primeros meses de vida, porque no solo rehabilitamos funciones alteradas, también prevenimos que aparezcan dificultades futuras en el habla, el lenguaje o las funciones orales.
El lenguaje no es un bloque único, sino un conjunto de niveles que se desarrollan de forma interrelacionada:
Área pragmática: cómo el niño usa el lenguaje para comunicarse e interactuar.
Área semántica: el significado de las palabras y la comprensión del entorno.
Área morfosintáctica: cómo organiza frases y estructura su discurso.
Área fonético-fonológica: cómo percibe, discrimina y articula los sonidos.
Área miofuncional: cómo coordina los órganos implicados en el habla, la respiración, la deglución y la masticación.
Estas áreas se trabajan de manera global y simultánea, adaptadas al momento evolutivo del niño.
Cuanto antes se intervenga, más se previene y menos se rehabilita. Por eso, la logopedia en Atención Temprana tiene un enfoque preventivo: ayudamos a que el desarrollo siga su curso natural antes de que se consoliden patrones incorrectos.
¿Qué hacemos las logopedas en Atención Temprana?
Mucho más de lo que se ve a simple vista. Algunos ejemplos concretos:
Desarrollo fonológico y fonético.
Intervención miofuncional orofacial, trabajando respiración nasal, movilidad lingual, sellado labial, tono orofacial, deglución y masticación, babeo, etc.
Acompañamiento en post operatorios, como frenectomías, FLAP, cirugías de vegetaciones o amígdalas, y otras intervenciones que afectan la función orofacial.
Evaluación y tratamiento de trastornos del lenguaje expresivo y comprensivo.
Apoyo a sistemas aumentativos y alternativos de comunicación (SAAC).
Planes individualizados de estimulación comunicativa.
Orientación a las familias, ofreciendo herramientas concretas y pautas claras para el día a día.
Nuestra labor no se limita a “rehabilitar cuando algo falla”, sino que acompaña desde la prevención, la observación y la intervención temprana.
Miramos cómo el niño respira, mastica, traga, imita, comprende y participa, y en base a eso elaboramos un plan integral que favorece el desarrollo global del lenguaje.
Porque el lenguaje no solo es hablar
El lenguaje es entender, expresar, compartir, conectar, sentirse parte.
Y cuando se trabaja desde los primeros años, se construyen cimientos sólidos para toda la vida.
Por eso, la presencia de la logopeda en los equipos de Atención Temprana no es un lujo, es una necesidad.
Porque cuanto antes se actúa, más se previene. Y cuanto antes interviene la logopeda, más se comunica la infancia.
Fiorella Canessa Ruiz
Logopeda – Máster en Atención Temprana
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