Cuando hablamos del desarrollo del lenguaje, solemos pensar en un proceso paso a paso, donde los niños primero dicen palabras sueltas, luego frases, y poco a poco logran conversaciones más complejas. Sin embargo, no todos los niños siguen este camino. Existe una forma diferente de inicio del lenguaje llamada lenguaje gestáltico, y es fundamental comprender que no es un retraso ni una anomalía: es simplemente otra manera de aprender a comunicarse.
¿Qué es el lenguaje gestáltico?
El lenguaje gestáltico se refiere a la adquisición del lenguaje a partir de bloques completos de frases o expresiones, en lugar de palabras individuales.
Por ejemplo:
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En lugar de empezar diciendo “agua”, un niño con desarrollo gestáltico puede decir “quiero agua” o incluso repetir frases más largas como “quieres un poquito de agua”, tal como lo escuchó.
Esto sucede porque el niño memoriza y repite lo que oye en contextos cargados de emoción, ritmo o entonación. Estas unidades globales, llamadas gestalts, son su manera de empezar a comunicarse.
¿Cómo se inicia el lenguaje gestáltico?
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Primera etapa: El niño repite frases completas escuchadas en dibujos, canciones o interacciones cotidianas. A esto se le llama ecolalia gestáltica.
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Segunda etapa: Empieza a mezclar o variar esas frases, a veces de manera poco convencional.
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Tercera etapa: Poco a poco descompone las frases en partes más pequeñas, hasta llegar al uso creativo de palabras individuales y luego a la construcción propia de oraciones.
Es decir, pasan de repetir a crear, pero necesitan tiempo y acompañamiento respetuoso.
¿Por qué debemos aceptarlo?
El lenguaje gestáltico no es un error ni algo que deba “corregirse”. Es un camino de aprendizaje tan válido como el lenguaje analítico (el que comienza con palabras sueltas).
De hecho:
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Permite que muchos niños encuentren una vía rápida para comunicarse.
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Es frecuente en niños dentro del espectro autista, aunque también aparece en otros perfiles.
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Nos recuerda que la comunicación no sigue un único molde.
¿Qué podemos hacer en casa?
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Escuchar con respeto: Aunque repita frases largas de películas o canciones, esas expresiones tienen un sentido emocional para el niño.
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Acompañar con significado: Si dice “¿quieres un poco de agua?” cuando en realidad quiere beber, se le puede responder con naturalidad: “Sí, agua para ti” mientras se le ofrece.
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No forzar la corrección: No es necesario obligar a que diga solo una palabra o que lo haga “como los demás”.
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Dar modelos claros: Frases cortas, repetidas y cargadas de intención comunicativa.
¿Qué deben hacer los logopedas?
El rol del logopeda no es “apagar la ecolalia”, sino darle sentido y acompañar la evolución hacia un lenguaje más flexible. Para ello:
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Identificar la etapa gestáltica en la que se encuentra el niño.
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Modelar frases funcionales y naturales, que pueda reutilizar.
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Aprovechar rutinas cotidianas (hora de comer, bañarse, vestirse) para introducir expresiones que luego se repitan.
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Trabajar la pragmática, es decir, el uso social del lenguaje, ya que es clave para que las frases tengan sentido en interacción.
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Incluir funciones ejecutivas (planificación, flexibilidad cognitiva, memoria de trabajo), que ayudan a reorganizar y adaptar el lenguaje aprendido.
El papel de la familia y la escuela
Aceptar el lenguaje gestáltico significa validar la forma en que el niño se comunica y entender que no se trata de un “trastorno que corregir”, sino de un estilo de aprendizaje que evoluciona. Cuando la familia y los profesores lo comprenden, el niño se siente escuchado, seguro y motivado para avanzar.
Recursos para acompañar el lenguaje gestáltico
Si quieres estimular el lenguaje desde casa o en consulta, es muy útil contar con materiales prácticos que apoyen la pragmática y las funciones ejecutivas, ya que estas áreas se relacionan directamente con el desarrollo gestáltico.
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