Autismo, alimentación y la necesidad de encontrar una causa

 


Una reflexión necesaria desde el acompañamiento profesional

En los últimos tiempos han surgido debates intensos en redes sociales en torno al autismo y la alimentación. Algunas familias atribuyen cambios en la conducta o en el lenguaje de sus hijos a modificaciones en la dieta, mientras que personas autistas adultas recuerdan que muchas de esas conductas forman parte natural del desarrollo y la expresión autista.

Este artículo no pretende desacreditar a nadie. Al contrario.
Pretende comprender, ordenar ideas y proteger tanto a las familias como a los niños.

La desesperación de los padres es real (y comprensible)

Cuando una familia recibe un diagnóstico de autismo, aparece una emoción muy humana:
la necesidad de hacer todo lo posible.

Muchos padres y madres sienten que deben probar cada opción existente:

No siempre por convicción, sino por miedo.
Miedo a no haber hecho suficiente.
Miedo a que su hijo “se quede atrás”.

Y ese sentimiento merece respeto.

Los padres tienen derecho a sentir que han explorado todas las posibilidades por el bienestar de sus hijos.

El riesgo de buscar una causa para todo

El problema aparece cuando se empieza a establecer una relación directa entre:

Bailar en la calle, moverse, balancearse, expresarse con el cuerpo…
no son conductas patológicas.
Son formas de autorregulación y expresión frecuentes en el autismo.

Atribuirlas automáticamente a la alimentación puede llevar a interpretaciones erróneas y a decisiones poco respetuosas con el niño.

Cuando el deseo de “normalizar” genera daño

Muchos niños autistas crecen con la sensación de que:

  • no pueden moverse

  • no pueden expresarse libremente

  • no pueden ser ellos mismos

Porque perciben aunque nadie lo diga en voz alta que sus conductas molestan.

Esto puede favorecer:

  • enmascaramiento

  • frustración interna

  • resentimiento

  • una desconexión con su propia identidad

Un niño que deja de bailar no siempre está “mejor”.
A veces solo ha aprendido que bailar no está permitido.

Incluso puede tratarse de nervios, de anticipar el enfado del adulto o simplemente de una necesidad corporal legítima.

Alimentación: cuándo sí y cuándo no

La alimentación puede influir cuando existen:

Pero no es una “cura del autismo”, ni explica por sí sola:

Eliminar completamente alimentos que le gustan a un niño, como los dulces, sin una indicación médica clara, puede generar:

  • mayor ansiedad

  • rigidez

  • conflictos innecesarios

El bienestar no se construye desde la restricción constante.

Acompañar sin anular

Acompañar a un niño autista no significa resignarse, pero tampoco forzarlo a encajar en moldes neurotípicos.

Significa:

  • respetar su sintomatología

  • entender sus formas de expresión

  • ayudarle a regularse sin apagarlo

  • y diferenciar entre lo que hace daño y lo que simplemente es diferente

No todo lo que se mueve necesita ser corregido.
No todo lo que es distinto necesita explicación.

Para cerrar

Las familias merecen comprensión.
Los niños merecen respeto.

Buscar soluciones es humano.
Aceptar la neurodiversidad es necesario.

Porque un niño que puede bailar sin miedo, expresarse sin culpa y sentirse aceptado está mucho más cerca del bienestar real que uno que solo aprende a parecer “normal”.


Fiorella Canessa Ruiz

Logopedafiore

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