En los últimos años, cada vez más logopedas observamos un fenómeno preocupante: niños que hablan menos, se expresan con dificultad o no miran a los ojos… y no por un trastorno neurológico, sino por exceso de pantallas desde edades muy tempranas.
Sí, la tecnología puede ser educativa. Pero también puede ser un enemigo silencioso del lenguaje cuando sustituye lo más esencial: la interacción humana.
📱 ¿Por qué las pantallas retrasan el lenguaje?
El lenguaje no se aprende mirando, sino interactuando.
Un bebé aprende a hablar cuando alguien le responde, le imita, le sonríe o interpreta sus gestos.
Las pantallas, en cambio:
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No esperan turnos de palabra.
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No interpretan emociones.
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No ajustan su respuesta al nivel del niño.
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Y sobre todo, no ofrecen contacto humano.
Cuando un niño pasa más tiempo mirando una pantalla que mirando rostros, su cerebro recibe menos estimulación lingüística y social, y esto repercute directamente en su desarrollo del habla.
🧩 Lo que más escuchamos los logopedas
Cada familia tiene sus razones, y muchas veces lo hacen con la mejor intención. Estas son algunas frases que escuchamos con frecuencia en consulta:
💬 “Le pongo el móvil porque está llorando y eso lo calma.”
💬 “Así aprende tecnología, si no se va a quedar atrasado.”
💬 “Solo le pongo vídeos educativos, son para estimular el lenguaje.”
💬 “Cuando estamos con amigos o en un restaurante, se lo doy para que me deje hablar.”
💬 “Se entretiene, no molesta y aprende palabras nuevas.”
Detrás de cada una de estas frases hay una necesidad real: padres agotados, falta de tiempo, búsqueda de calma o de aprendizaje.
Pero lo que parece una ayuda momentánea tiene un coste oculto: el niño deja de practicar las habilidades básicas que necesita para comunicarse.
Las pantallas calman, sí, pero también silencian.
Y cuanto más se usan como “chupete digital”, más difícil se hace que el niño encuentre placer en mirar, escuchar y hablar con otros.
⚠️ El peligro de los móviles en manos de los más pequeños
Muchos padres piensan: “Solo unos minutos para que se calme…”
Pero esos minutos, repetidos cada día, reprograman el cerebro del niño.
Un móvil ofrece estímulos visuales y sonoros intensos: luces brillantes, colores saturados, cambios rápidos de imagen y recompensas instantáneas.
Ningún juego real, ni siquiera el más divertido, puede competir con eso.
El resultado:
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Dificultad para mantener la atención.
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Necesidad constante de estimulación inmediata.
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Escasa tolerancia a la frustración.
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Y sobre todo, menos deseo de comunicarse con las personas de su entorno.
Los juegos en pantallas pueden ser adictivos porque activan los mismos circuitos cerebrales que una recompensa: dopamina, placer y repetición.
Y mientras tanto, las habilidades básicas del lenguaje —mirar, escuchar, esperar, responder— se debilitan.
👨👩👧 ¿Está prohibido ver la tele? No, pero con límites y acompañamiento
No se trata de demonizar la televisión o las tabletas.
De hecho, ver un programa adecuado junto a un adulto puede ser una buena oportunidad para el lenguaje.
Algunos consejos:
✅ Elige contenidos de ritmo lento y lenguaje claro. Evita vídeos con cortes rápidos o sonidos estridentes.
✅ Míralos en compañía. Comenta lo que aparece: “¡Mira el perro! ¿Qué está haciendo?”
✅ Haz pausas. Deja que el niño participe o imite sonidos.
✅ Tiempo limitado: no más de 30-45 minutos al día en edad preescolar, y nada de pantallas antes de los 2 años, según la OMS.
El objetivo no es eliminar la tecnología, sino enseñar a convivir con ella de forma consciente.
🌱 En resumen
El lenguaje no se descarga, se construye en relación con otros.
Los niños necesitan rostros, gestos, palabras y respuestas reales para aprender a comunicarse.
Las pantallas pueden ser un recurso, pero nunca un sustituto del vínculo.
La mejor estimulación para un niño sigue siendo una conversación, una canción o un juego contigo.
🩷 Por Fiore Logopedia

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